2023, el año que viviremos peligrosamente

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El futuro está por construir, pero habrá que adaptar modelos de gestión y acertar a la hora de afrontar los desafíos que presenta el año que viene.

Inmersos en plena vorágine inflacionista, fabricantes y distribuidores afrontan el año 2023 ante la amenaza de un parón en el consumo interno que agravaría la erosión de márgenes que está sufriendo la cadena. El sector ha mostrado una capacidad innata para salir reforzado de las crisis, y no hay razón para pensar que no sea capaz de reinventarse nuevamente. El futuro está por construir, pero habrá que adaptar modelos de gestión y acertar a la hora de afrontar los desafíos que enumero a continuación.

A medida que van publicando sus resultados trimestrales, se hace patente que las multinacionales cotizadas de gran consumo están trasladando a sus clientes los incrementos de costes que están sufriendo en todos sus insumos: materias primas agrícolas e industriales, energía y transporte. Estas decisiones se están traduciendo, salvo alguna excepción, en una reducción de los volúmenes, rompiendo los paradigmas de estos “campeones del crecimiento”. Así, mientras Unilever anuncia una progresión en valor de +8,1% en el primer semestre de 2022, disminuye en -1,6% las unidades vendidas; P&G reporta +7% y -3%, respectivamente, en los tres meses iniciales del fiscal 2022-2023; y así sucesivamente con General Mills, Kellogg’s o Kraft Heinz. Únicamente las empresas de bebidas, como Coca-Cola, Diageo o Heineken escapan de esta tendencia y siguen creciendo en litros/cajas, debido al efecto base de recuperación de las magnitudes prepandemia en el canal de hostelería.

Fuente: Food Retail